
A Macandal, A Sucre y a Ella, Desembargado, y Sinvergüenza
Dedicatoria, sin daños a terceros: A los Panas tenaces y abnegados que protegen la Agonía. A los invulnerables e indomables socios de la Escuela de Poetas Insepultos de Paria (EPIP). A mis hi(o)jitos: David, Leo, Paola y La Monona.
Fue una larga travesía desde Paria hasta Araya. Moliendo Cacao, Tomando Mabí, Sacando Ñame, Calando Sardinas, Sembrando Maíz, Tumbando Cocos, Pescando Coscorobas.
Así, así, Redescubriendo la lentitud. La lentitud nuestra no la dellos. La lentitud sabrosa de La Sucre y El Sucre. Apurado es quién va solo.
Una vez en Cariaco, cruzó un pequeño puente, reconoció la tubería del agua, pasó por la UDO y al llegar a La Embajada notó que el pueblo dormía, mudo y neoliberalizado, no Socialista, no Humano… rápido.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
Nombre de lo escondido y lo innombrable, aquí estás por fin atrapado en mis cuadernos…”
A la Medianoche, Yan Franzoa Macandal[i] fluyó en Campoma. Durante el viaje, había volado, nadado y floreado, convertido en Tucán, Carite y Araguaney.
Y fue cerca de una construcción en ruinas, dejada por Los Corsos, como monumento a su dominación e Ineficiencia, donde El Negro Makandal realizó su primer encuentro con Covaruiz, uno de jefes del Cumbe.
Makandal y Covaruiz conversaron mucho, a veces con la palabra, a veces con el pensamiento… siempre con el corazón.
El recibimiento ocurrió como siempre a la hora de los Loas, exactamente a eso de las doce de la noche. Makandal, Sacerdote Vudú había llegado a la hora en que todos duermen…para que todos despierten.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
“…Yo te rezo Makandal para que me liberes del otro/ y de mí/ para que me poseas liberándome de querer ser yo/ o ser nadie…”
Un poco más temprano a eso de las ocho de la noche, El Manco Makandal había hecho una parada de reconocimiento en un cañaveral entre Cariaco y Casanay, y como en sus buenos tiempos de Cortador, desenvainó su filoso Suai Pas y con armónico y firme movimiento, trozó una caña Rallá, pa’ bien nutrirse del dulce sabor de la tierra Sucrense.
A lo lejos, pudo ver las máquinas de procesar El Oro Blanco. A lo lejos pudo sentirse doloroso, perdiendo un brazo entre los oxidados dientes de un molino.
Habían transcurrido doscientos cuarenta y siete años, desde su última incursión en la Isla de La Española, era el treinta de julio de dos mil cinco, y El Manco Makandal pudo verse, como en aquel entonces, escapado de la esclavitud, recreado en su humaneza y aprendido a separar carne de espíritu.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
… Espíritu de las dos tierras y los cuatro mares,
de los mil vientos que te llevan y te traen …”
Entre Cariaco y Casanay, Makandal recordó su escape a las montañas haitianas, donde quemaba las plantaciones y envenenaba las aguas de las mansiones de los amos Franceses, para escapar luego convertido en pájaro, en pez o en Mariposa.
Las tierras de Ribero, le recordaron a su natal Gonaives en el Norte de Haití, y al doloroso trapiche donde Sangre negra y Jugo de Caña se cristalizaron en papelón y panela, esparciéndose en infinitas mujeres, niños y hombres cimarrones, rebeldes, resabiados … El molino esclavista, a tiempo que lo separó para siempre de su brazo y lo liberó eternamente de los amos.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
“…Tú no eres negro ni eres blanco/ De qué color serías/ Makandal de todos los colores…”
Cimarrones, rebeldes, resabiados, marrones, verdes, re-sabios, requete-sabios, sabrosos, dulces, salados. Sabiendo a sabor, ¿o saboreando lo sabio?. Sabor o saber a tierra, a pescado, a playa, sabor a ti y a mi, a ella y a él.
A ella, la sabo a palabra, palabra sencilla. Palabra chigui chigui. ¿Oh Dios mío ahí viene, viene hacia mi, directico y salió de su boca. ¡Oh Dios no son sustantivos, ni verbos, ni adjetivos… son, son, son mangos, son nísperos, mararaves ¿Son o me Son? Son fruta-palabra. ¿Qué hago? La escucho o me la como? ¿Es mujer, es pajara o es ella?
¿No será que me come? Desenvaina su Suai Pas, y ¡Zas! me interpela, me pela…no me pela…me deja pelao. ¿Qué soy? ¿un mango sin concha, esconchao, un conchuo, o una flor des-cubría, desnuda… Ya se –o saborié- no es ella, Es Macandal Sacerdote Vudú. Si – Si - Si me la tomo toa, dámela en un vaso, en un vaso llenao.
Engullío el jugo de la tierra, Macandal emprendió su recorrido por la zona, visitó Terranova y La Peña. Macandal se volvió cuereta y cuatro. Y percibió las manos negras de su ser-ente negro, resistiendo al invasor sónico, debilitador de mentes y conciencias jóvenes.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
¿Cómo sobrevivir entonces/ si aún no hemos nacido/ si aún somos el pretexto:/ una señal de días venideros?...”
Y le respondió Perucho Cova: “… Los negritos de Cariaco tienen muchos caminitos…unos van para Cariaco y otros para Cariaquito…”
¿Cómo juntar Sangre y azúcar; Mujer y Hombre ; Idea y Práctica. Lo dice o lo des-embucha el Joropo Oriental: Recorriendo el caminito, Re-corriendo, corriendo y riendo los caminos de Sucre… Sólo caminando - Andando se juntan el Azúcar y la Sangre, La Mujer y El Hombre, La Idea y la Práctica. Sólo así se junta El Pueblo contra Los Corsos.
¡Desembuche compay desembuche! ¡Camine y desembuche! No mudo, nunca solo, ni sola, Levante el vuelo y desembuche.
En el camino andado, se aprende a separar carne de espíritu, caminando, se sale de babilonia, caminando se puede perder el brazo, pero se gana el corazón, se recorre el Arcoiris.
El Camino está jechándose, pude verlo desde playa Bruja, mientras convertido en botuto descansaba a eso de las seis y media, en la playita que ve hacia el Este, yendo de Cumaná a Güiria.
El Camino-Arcoiris, que sale desde un sitio secreto y mágico, ubicado, entre Guacarapo y Cariaco.
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
Proteico como tus sonidos. Secreto, rehecho y revelado como las letras que te forman…”
Makandal dame fuerzas, Pana Makandal dame fuerzas, Compai Makandal dame fuerzas. Caminaremos los caminitos convertidos, en hormiga, en niña, en arepa, en palabra… en pueblo.
Un día, Los Corsos, Los Anduce, los Verdugos de Sucre, no nos joderán,
No nos joderán… Te lo prometo Compai Makandal, amo del fuego y del veneno. Veneno de la palabra del campesino mudo, fuego de la articulación de los pescadores desbrazados…
“…Macandal. Makandal. Mackandal.
¿Qué podemos hacer con tantas ratas de minucioso tránsito por los pasillos de Palacio? (…) De noche con las orejas pegadas a las cloacas de la urbe podemos oír su canto, sus chillidos patrióticos ...”
Envenenaremos sus aguas, Quemaremos sus cañaverales, no más ingenios, promesas falsas, rastropescas, terratenientes, pomalacas, rumbos cambiados, fatuos orgullos, ranchos funrevis, policías sicarios, guerreros de paja…Y no importa si se pierde brazo, cuerpo… Vida.
Y al final bailaremos, el Cane Brulle a ritmo de Salsa, Soca y Calypso…Y al final, danzaremos nuestra historia, Pequeña - Pequeña, pero Nuestra - Nuestra. Y al final, atravesaremos todos y por siempre El Arcoiris.
Arcoiris-caminito que nos libera del amo y nos entrega al amor.
Arcoiris-Caminito que vaiviene ¡desde el África hasta Campoma!
(-) Jean Francois Mackandal fue un esclavo cimarrón y líder rebelde de Haití. Mackandal sacerdote Vudú, en su natal Guinea fue traído a trabajar en las plantaciones de azúcar de los colonos Franceses donde perdió uno de sus brazos. Desde allí, escapó a las montañas para incursionar luego y repetidamente en contra de éstos, quemando sus cañaverales y envenenando sus aguas con sustancias que extraía de los árboles. Fue atrapado al fin, y condenado a morir en una hoguera pública, en presencia de los esclavos quienes le admiraban y protegían. Para sorpresa de todos Mackandal escapó de la muerte convertido en ave. Desde allí Mackandal reaparecería una y otra vez, sembrando el terror entre los esclavizadores, transformado en pájaro, pez o mariposa hasta conseguir en la persona del General afrohaitiano Desailines, la primera república Americana en proclamar su independencia del llamado viejo mundo.
Alexis Piñango